Inauguracion

Salón de Deliberaciones del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires. La Plata, 23 de abril de 1983



Mensaje inaugural leído por el Dr. Juan Carlos Smith al comenzar la Asamblea General constitutiva de la Asociación Argentina de Filosofía del Derecho:


Distinguidos y estimados colegas: 

Cuando hace seis meses nos propusimos conjuncionar nuestros esfuerzos para crear la Asociación Argentina de Filosofía del Derecho, lo hicimos con la convicción de que había llegado la hora de que la jusfilosofía argentina comenzara una nueva etapa. Lo hicimos bajo el tácito consenso de que nuestra Filosofía Jurídica debía iniciar el camino de su inserción integral en el movimiento universal de las ideas, de su consolidación como fuente productora de una doctrina rigurosa y exigente.

No hay en esto pleonasmo ni exageración alguna. Las jornadas que hemos compartido con destacados exponentes del pensamiento contemporáneo durante el Congreso Internacional recientemente realizado, demostraron con claridad y nitidez la indiscutible jerarquía de las concepciones jusfilosóficas, filosófico-políticas y sociológicas de un crecido número de docentes e investigadores de nuestro país.

La relevante significación que reviste este acto invita a una breve reflexión:

Las propias características de la indagación jusfilosófica, sujeta a la particular cosmovisión de cada jusfilósofo, han venido generando en nuestro medio, como ocurrió en la mayor parte del mundo intelectual contemporáneo, posiciones doctrinarias harto diversas y hasta contrarias. Posiciones que fueron consolidándose como núcleos definidos con el correr del tiempo, en tanto cada una de ellas recibía el aporte de nuevos cultores y adherentes.

La ausencia de confrontaciones téticas regulares que exigieran a cada jusfilósofo reobrar periódicamente sobre sus propios fundamentos y conceptos, ya para confirmarlos, ya para modificarlos, no sólo fue tornando irreductibles aquellas posiciones, sino que fue operando en ocasiones como un factor limitativo cuando no impeditivo del sostenido desarrollo doctrinario de muchas de ellas.

Desde hace bastante tiempo, y precisamente por razón de la amplitud y madurez alcanzada por la cultura filosófica de nuestro país, veníase percibiendo frente a aquel panorama, la necesidad y conveniencia de contactos más estrechos y frecuentes entre las distintas escuelas y direcciones jusfilosóficas y filosófico-políticas argentinas.

Desde hace tiempo —repito— el propio nivel que habían logrado las varias vertientes doctrinarias exigía canalizar su riqueza por el cauce de confrontaciones recíprocas que permitieran entrever los posibles puntos de contacto o de aproximación entre las distintas orientaciones, la real dimensión de sus contradicciones y la gama de conclusiones coincidentes o divergentes que podían inferirse de sus respectivas tesituras. 

Es que el saber humano, cuando alcanza la jerarquía de un auténtico saber filosófico, por disímiles que sean sus puntos de partida y sus fundamentos, siempre tiene una sola e inmutable finalidad que termina unificando los más dispares caminos: descubrir la verdad y demostrarla.

Bien decía Hegel: Cuando la Idea se autorreconoce como saber filosófico, no sólo avanza con el fundamento de un número más o menos amplio de tesis coherentes. También avanza, también se nutre —y quizás en mayor medida— con el fundamento de las tesis opuestas, ya que superar las oposiciones y resolver las contradicciones es el anhelo eterno, la esencia misma de la Filosofía.

Reunidos hoy en esta instancia para concretar aquel propósito que cohesionó nuestras voluntades hace seis meses, tenemos perfectamente en claro cuáles son el carácter y la extensión de la unidad que desde hoy en más logra y representa la Asociación Argentina de Filosofía del Derecho.

Nuestra Institución nace bajo el signo de una amplia e incondicionada apertura. Esto significa que no asienta su existencia ni su dinámica en ninguna concepción jusfilosófica particular, precisamente porque acoge respetuosamente a todas y porque pretende que todas ellas continúen su desarrollo intrínseco en igualdad de condiciones y posibilidades, sin más restricciones ni limitaciones que las que arraigan en su propio contexto o trascienden de él.

Nuestra Institución adopta una estructura orgánica parcialmente descentralizada, porque tiende a facilitar en cada región universitaria del país el desarrollo de aquellas actividades que, por su modalidad y contenido específicos, consulten y respondan más de cerca a las preferencias de cada zona.

Nuestra Institución aspira a constituirse en un amplio foro nacional e internacional, donde, por medio de la exposición, demostración y debate de sus fundamentos y conclusiones, cada sistema jusfilosófico de nuestro país extraiga aquellos elementos conducentes a su propia perfección y aporte a la vez aquellas enseñanzas que muestren —como lo ha hecho en octubre último— cuán legítima e indubitable es la posición de jerarquía que ocupan los pensadores argentinos.

Nuestra Institución, en fin, tiende a proyectar en el horizonte del mundo actual la esforzada tarea de nuestros jusfilósofos, promoviendo y apoyando tanto su participación en los grandes encuentros y en los más importantes centros de estudio extranjeros, como la difusión de sus obras de valía en los niveles de mayor relevancia de la cultura filosófica universal.

Estos son los enunciados sobre los cuales descansa nuestra unidad.

A partir de ellos crearemos un nuevo estilo de vida en el complejo quehacer de nuestra vocación. A partir de ellos construiremos día a día toda una estructura de relaciones humanas que, a través de los múltiples canales de la enseñanza, el estudio y la investigación de la Filosofía Jurídica y sus disciplinas conexas, nos ha de integrar en una amplia y bien consolidada familia, centrada y motivada en torno a temas y problemas comunes.

Así, dentro de este gran contexto, la jusfilosofía argentina, jerarquizada hasta hoy por el solo y personal esfuerzo de sus cultores, tendrá desde hoy, además de esas fuentes motrices insustituibles, un nexo orgánico de promoción y desarrollo.

Distinguidos colegas:

En nombre de la Comisión Organizadora que me honro en presidir y de todos ustedes, docentes, investigadores y adherentes, que dieron tan espontánea y entusiasta respuesta, a nuestra convocatoria, declaro formalmente constituida en este acto la Asociación Argentina de Filosofía del Derecho”.


Ciudad de La Plata, 23 de abril de 1983

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